jueves 21 de julio de 2011

Madriz

Es ese color especial de las ciudades.

Mi ciudad tiene color anaranjado, un color anaranjado que roza los límites y parece convertirse en fuego por las noches. Parece que la ciudad entra en llamas cuando comienza a atardecer y que se inunda por completo con la luz de las primeras farolas.

Mi ciudad se llama Madrid, y pese a este paisaje aparentemente bohemio y elegante, mi ciudad puede llegar a convertirse en un infierno para los que amamos la libertad, la naturaleza y las cosas pequeñas.

Madrid es grande. Nos engaña y nos hace creer que con su grandeza, caminamos libres entre la multitud, cuando es ella misma la que más nos aprisiona en nosotros mismos. Nos vuelve sumisos, comodones, superfluos y soberbios. Nos envuelve en sus calles largas y grises, hasta el punto de hacernos pensar que lo correcto y lo esperado es lo que ella dicta.

Y nos quema, aunque no seamos conscientes de ello, Madrid nos quema y nos hace ceniza el corazón. Porque tras un cuerpo idealizado, mi ciudad esconde lo que todas las ciudades guardan cuando se lleva demasiado tiempo ocupando un lugar en ella: miedos, decepciones y ganas -muchas ganas- de huir.

Así huele mi ciudad, así huele mi Madriz particular. Puro desencanto, pura rabia, puro dolor. Puras ganas de salir corriendo en dirección al mar para no volver, para reencontrarse con nuevas ciudades que huelan a magia.

Así sabe mi espacio y mi tiempo aquí, y así se van acabando por momentos.

Quiero decirle adiós, quiero echar de menos mi ciudad, quiero volver después de mucho tiempo y ser capaz de quererla. Quiero ser capaz de curarme y volver sin una sola herida. Quiero intentar encontrarme. Y, sobre todo, quiero encontrar mi lugar, mi maldito lugar de verdad.

3 rarezas de más:

  1. señorita... no sabes cómo te entiendo! muchas veces me ha pasado eso con Valencia, pero claro... aquí me salva la playa.

    te sigo por aquí :)

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  2. Joder, Sara, vuelves y por la puerta grande. Maldita sensación que has provocado en mí mientras lo leía.
    Las ciudades grandes son las menos libres, en cambio mi Palma te deja volar, por eso, cuando quieras, siempre tendrás un lugar en tu nuevo hogar, Palma siempre te esperará.

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