Había gente a nuestro alrededor, quizás no pasaban de diez, pero a mis ojos se multiplicaban y se convertían en diez mil seres que no hacían más que pronunciar palabras en voz alta, sin sentido, sin significado. Aquello ocurría así porque en ese instante mis manos sólo sabían recorrer los caminos de tu cabeza. Puede que no fueran mis caminos, o nuestros caminos, pero sentía la necesidad de hacerlo. Como uno de esos impulsos tan imposibles de reprimir que surgen de la nada y no sabes cómo o por qué ocurre. Sentía la necesidad de recorrer tus propios caminos, y lo hacía, sentía que lo hacía, y que tú lo notabas. Que sabías que lo estaba consiguiendo, sin más, sin quererlo, sin intención de querer nada. Tu pelo se incrustaba en las yemas de mis dedos, sin avisar, pero ellas lo captan todo, absolutamente todo.
¿Qué somos sin manos, sin las yemas de los dedos caminando sobre pieles, cabellos y bocas? Posiblemente nada, nada de nada.
Mis manos te han tocado y, mucho más allá, te han sentido.
Mis manos guardan imágenes invisibles y palabras sordas, que sólo ellas podrían entender.
Que bonito. Ahora está de moda ir de guay y aparentar que los sentimientos y las causas perdidas son de pobres xD No está nada mal leer sensaciones e impulsos en su estado mas puro.
ResponderSuprimirUn saludo Sara ;)
GR