Se encontró con su mirada por casualidad, como una de tantas veces que miras fijamente al infinito y alguien aparece por medio para hacerte parpadear de nuevo. Y por algunos segundos le odias, le odias por sacarte de ese estado de felicidad instantánea y por hacerte volver a la realidad sin quererlo.
Pero esta vez, sin saberlo, su "mirar infinito" era ella. Sus ojos pequeños y rasgados, no había nada más en lo que centrar su atención en ese momento. Sin conocerla, sentía la inexplicable necesidad de adentrarse en ellos, como un imán, como un verdadero imán que la empujaban a querer mirarla de cerca. Tanto que pudiese imitar su forma de mirar el mundo, de mirar la luna, de mirar el suelo, de mirar las nubes, de mirar, mirar, mirar.
Cruzaban miradas, las cruzaban.
Sabía cómo hacerlo, miraba sus pequeños ojos -sin esperar su respuesta- después se desviaba un poco hacia la izquierda, miraba el suelo y después de nuevo sus ojos. Pero ella contestaba con una breve mirada y apretaba los labios.
Y de nuevo se perdía en ella, como si fuese un espejo, se dejaba llevar. Otra vez ese maldito bucle infinito.
"Tanto que pudiese imitar su forma de mirar el mundo, de mirar la luna, de mirar el suelo, de mirar las nubes, de mirar, mirar, mirar."
ResponderSuprimirEnamorada me tienes.
Puedo imaginar de quien habla ¿No? Brrr...
Tendrías que venir más por tu blog, maldita.
<333