A veces, o quizás más tiempo del que conozco, pierdo la confianza. En mí, en ti, en ella, en él, en nosotros, en todos. Pierdo la esperanza de que la vida pueda cambiar, de que las cosas se transformen y el Mundo sea lo que quiera ser sin imposiciones, sin trasfondos que lo vuelvan todo gris.
Estoy triste, por tener que ver cómo el Mundo se apaga poco a poco ante nosotros, sin poder hacer nada más que levantar las manos, gritar con los ojos cerrados -esperando echar a volar o teletransportarme a un lugar infinitamente lejano- y que, al abrirlos, todos nos hayamos convertido en lo que nunca debimos dejar a un lado, ser personas.
Necesito que alguien me recuerde que podemos seguir, que esto sólo acaba de empezar, y entonces apareces tú, te leo en las pocas cartas que tengo. Me recuerdas que hay que ser valiente, que soy valiente. Que existe un lugar infinitamente lejano por el que merece la pena luchar cada día, nunca jamás estuvo tan presente como ahora.
P-R-E-C-I-O-S-O ... Si supieras la de veces que me he sentido así y he llorado por eso ... Has dado en el clavo. Pero como dices al final, siempre hay gente que de una manera u otra te hace ver que eres valiente y puedes seguir adelante, con el objetivo de comerte el mundo y transformarlo (en nunca jamás o para siempre)...;)
ResponderSuprimirEs genial tener a alguien que te recuerde quién eres, sobre todo en esos momentos en los que uno se pierde en la multitud y necesita ser encontrado.
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