En apenas unos segundos consigue clavarlos en los míos, y algo inexplicable se remueve en mi pecho. Siento esa necesidad de acercarme más, para que me vea y no sienta miedo.
Ella lo nota y yo lo sé, todo va a ir bien, no te preocupes.
Y no lo hace, confía en mis palabras y me hace sentir que es real. Sus ojos vuelven a hablar y no tienen ningún miedo en mostrar esa inocencia y ternura que por un momento le hacen parecer vulnerable, pese a los años.
Cojo su mano y la aprieto fuerte, y ella hace lo mismo, mira sí que tengo fuerza. Y es cierto, siempre tiene fuerza aun cuando podría no tenerla.
Me ha resultado triste... Al principio parecía como si hablases de una gacelilla asustada; luego ya me suscitó la idea de una abuelita =)
ResponderSuprimir